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sábado, 18 de noviembre de 2017

Ejemplos del peligro del lipstick







Labios de mujeres famosas, de mujeres anónimas, labios de rojo, de azul, de Batman o de skyline, el caso es que tienen más peligro que Manostijereas poniéndose Hemoal.

Por si había alguna duda.

Ironía


La mujeres nacen para el amor, los hombres para la guerra. Irónicamente, son las mujeres las que usan las armas.

No deja de ser curioso que una barra de pintalabios tenga exactamente el mismo tamaño que una bala del calibre 45.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Puigdemont y "La meva lluita".


Hoy vamos a parafrasear al Obergerfreiter (cabo primero del ejército alemán) Josef Porta, personaje de la novela de Sven Hassel "La ruta sangrienta": "Debido a la magnitud de nuestras pérdidas de respaldo independentista y la catastrófica escasez de apoyos europeos, nuestro Führer Puigdemont ha decretado que el período de embarazo sea inmediatamente reducido de nueve a seis meses en las filas independentistas".

sábado, 4 de noviembre de 2017

La máquina de los sueños


Recuerdo que cuando era niño inventé una máquina de sueños. Era una cajita pequeña que estaba llena de botones y palanquitas, accionando los cuales uno podía decidir qué soñaría esa noche. Por supuesto, la máquina no funcionaba (no tenía ningún mecanismo en su interior). Por supuesto, yo sabía que no funcionaba.
Necesito una máquina para calcular lo que no puedo calcular, necesito una máquina para saber lo que no puedo saber, necesito una máquina para soñar.

Foto (Pitt Tristán)

jueves, 2 de noviembre de 2017

Utopías y marcianos


Hay algo extrañamente autorrefutativo en la idea de utopía. Como sólo disponemos del lenguaje del presente para hablar de aquello que lo trasciende, siempre corremos el riesgo de clausurar nuestros imaginarios en el acto mismo de su articulación. La única auténtica alteridad sería aquella que no podemos pensar en absoluto. Toda utopía es, por tanto, al mismo tiempo distopía, pues al tratar de liberarnos de los grilletes de la historia, no puede evitar recordarnos lo fuertemente que nos maniatan.
Es algo que resulta obvio si se piensa en los abundantes relatos de abducciones alienígenas. Lo que hace que esas historias resulten tan sospechosas no es la exoticidad de los extraterrestres, sino justamente lo contrario: el ridículo aire familiar de esas criaturas, su risible alienigenidad no alienígena.